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- LA NECESIDAD DE LA FILOSOFÍA
Aristóteles, filósofo griego del siglo IV a. C., afirmaba que "Todos los seres humanos desean saber por naturaleza".
Evidentemente necesitamos saber muchas cosas, se trata de conocimientos prácticos y útiles que nos hacen más fácil y cómoda nuestra existencia. Actualmente, una gran parte de este saber proviene de la ciencia. La investigación científica hace que aumente el conocimiento general sobre el mundo y sobre nosotros mismos y, también, da lugar a la tecnología, que crea una gran diversidad de artefactos que nos sirven para vivir mejor. Ahora bien, ¿Se acaba aquí todo?, ¿Esto es todo lo que necesitamos saber? El saber práctico y de utilidad inmediata no basta.
Si reflexionamos sobre lo que nos preocupa nos daremos cuenta que además hay otro tipo de preguntas más generales que también nos inquietan profundamente y para las que no hay respuesta científica, preguntas como ¿Quiénes somos?, ¿Qué hacemos en esta vida?, ¿Hay otra vida más allá de ésta?, En mi relación con los demás ¿Todo vale?, etc.
Por lo tanto, el discurso filosófico responde a la necesidad humana de preguntarse sobre una serie de cuestiones básicas y buscar una respuesta racional e ellas.
“Se trata, en primer lugar, de la cuestión de la apreciación justa de todo afán filosófico en el transcurso de la historia. Con demasiada frecuencia se suele menospreciar su alcance: la filosofía, se afirma, no es más que un conglomerado de especulaciones abstractas sin significación alguna para la vida; lo que hace falta es estudiar las ciencias prácticas que nos suministran la base de la técnica en todos los campos (no sólo la técnica del ingeniero, sino la del pedagogo y la del psicólogo), también en la ciencia social, la economía y la política. Porque “Primum vivere, deinde philosophari” y el “philosophari” no tiene importancia mayor para la vida. Otros consideran en cambio que esta idea, hoy tan extendida, es fundamentalmente falsa y que, además, representa un error espiritual peligroso. Y defienden que si se pretende limitar el saber y el conocimiento a su aspecto técnico-práctico, entonces bastará con saber cada vez cómo hay que hacer esto o aquello. Pero con anterioridad a la cuestión del “cómo”, se
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plantea la cuestión del “Porqué”. Ahora bien, la respuesta al último porqué sólo la religión y la filosofía nos la pueden ofrecer. Como ya sabemos ambos son saberes muy distintos, el primero nos da una respuesta irracional mientras que el segundo nos da una respuesta racional. El hombre siempre utilizará su razón y, cuando no lo hace de forma consciente y filosófica, lo hace, sin duda, en forma inconsciente y con diletantismo. Esto se aplica también, sin excepción, a todos los que se creen emancipados de cualquier filosofía. La filosofía es un saber inevitable y necesario; las cuestiones filosóficas están muy ligadas a la existencia y a la vida del hombre.”L. Kolakowski: El hombre sin alternativa
¿SOMOS TODOS FILÓSOFOS?
Las preguntas filosóficas aparecen de forma más o menos natural cuando nuestra inteligencia se ha desarrollado adecuadamente y ha alcanzado un cierto grado de madurez..
"Alrededor de los catorce años mucha gente comienza a pensar por su cuenta en problemas filosóficos: sobre aquello que realmente existe, si podemos saber algo, si una cosa es realmente buena o mala, si la vida tiene algún significado, si la muerte es el final. Se ha escrito mucho sobre estos temas durante miles de años, pero la materia prima filosófica proviene directamente del mundo y de la relación que tenemos con él, no de los escritos del pasado. Esta es la razón de que estos problemas se los planteen aquellos que nunca han leído nada"
Thomas Ángel: ¿Qué significa todo esto?
Así pues, en cierto sentido de la palabra todos los seres humanos somos filósofos, porque todos nos quedamos perplejos ante el gran interrogante que es nuestra vida. El filósofo inglés contemporáneo Stephen Toulmin afirma: "De mal o buen grado, todos hemos nacidos filósofos, igual que hemos nacido críticos, morales, pensadores políticos e incluso científicos" Podemos filosofar porque la llama de la filosofía está viva en nosotros, como seres capaces de pensar libre y racionalmente.
Claro está, además existen los filósofos en el sentido académico del término, personas que han estudiado la filosofía que se enseña en la universidad. Ello implica el aprendizaje de una serie de conceptos y de métodos, así como el estudio de las ideas más importantes de la historia de la filosofía.
PASAR DEL SABER COMÚN ACRÍTICO A LA FILOSOFÍA
"Todos los hombres y todas las mujeres son filósofos; o, permitirnos decir, si ellos no son conscientes de tener problemas filosóficos, tienen, en cualquier caso, prejuicios filosóficos. La mayor parte de estos prejuicios son teorías que inconscientemente dan por sentadas, o que han absorbido de su ambiente intelectual o de la tradición. Puesto que pocas de estas teorías son conscientemente sostenidas, constituyen prejuicios en el sentido de que son sostenidas sin examen crítico, incluso a pesar de que puedan ser de gran importancia para las acciones prácticas de la gente y para su vida entera. Una justificación de la existencia de la filosofía profesional reside en el hecho de que los hombres necesitan que haya quien examine críticamente estas extendidas e influyentes teorías.
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Este es el inseguro punto de partida de toda ciencia y toda filosofía. Toda filosofía debe partir de las dudosas y a menudo perniciosas concepciones del sentido común acrítico. Su objetivo es el sentido crítico e ilustrado: una concepción más próxima a la verdad y con una influencia menos perniciosa sobre la vida humana. […] Todos los seres humanos son filósofos porque, de una manera u otra, todos adoptan una actitud ante la vida y la muerte"Karl R. Popper: Como veo la filosofía, Pág. 64
Todo el mundo participa, como punto de partida, de las interpretaciones existentes en su sociedad que toma acríticamente como verdaderas es lo que se denomina prejuicios o saber común.
En la medida en que somos conscientes de nuestra propia ignorancia las ponemos en tela de juicio sometiéndolos a la crítica desde la razón. Cuestionar lo que tenemos delante, nosotros mismos, nuestra propia vida parece remover los cimientos sobre los que ésta se asienta y pone de manifiesto la necesidad de construir un nuevo fundamento, una nueva comprensión que permita llevar un nuevo modo de existencia justificado y crítico.
Las nuevas ideas a las que lleguemos no se pueden sustraer a la crítica, convertirse en dogma o ideología, perder su espíritu filosófico. Se ha de aceptar su provisionalidad y su constante revisión según vayamos avanzando en nuestra experiencia y nuestros conocimientos. Este es el reto que la filosofía nos propone: una forma diferente de mirar el mundo y nuestra propia vida.
Así, el discurso filosófico nos puede ayudar a vivir intelectual y moralmente sin una concepción cerrada y dogmática del mundo. Esto se debe a que aquello que es característico de la filosofía es la forma de hacer las preguntas y la manera de contestarlas. Siempre que nos encontramos ante un discurso filosófico hallaremos una argumentación lógica, la defensa razonada de determinados puntos de vista y no la simple afirmación de una creencia, sin ningún tipo de fundamento. Cuando alguien filosofa da razones, más o menos plausibles, a favor o en contra de una cierta opinión. Y en cualquier caso, esta persona está dispuesta a escuchar las razones del contrario y rectificar, si es necesario, su opinión inicial. Se trata de reflexionar con profundidad sobre algunas cuestiones atendiendo y sopesando las razones de unos y otros.
EL SENTIDO DE LA FILOSOFÍA
La etimología de la palabra filosofía nos da una pista sobre su sentido y función. Esta palabra proviene del griego philosophía, que significa aproximadamente, "amor a la sabiduría", "tendencia al conocimiento". Ante aquel que dice de sí mismo que es sabio o experto o dominador de una materia, el filósofo es tan sólo aquel que anhela el saber, el que, aceptando que no sabe nada con seguridad, se esfuerza por adquirir más sabiduría o conocimiento teórico y práctico a la vez.
"La palabra griega filósofo (philosophos) se formó en oposición a sophos. Es decir, amante del conocimiento, a diferencia de quien, en posesión del conocimiento, se denominaba sabio. Este sentido de la palabra perdura hasta hoy: la búsqueda de la verdad -no la posesión de la verdad- es la esencia de la filosofía […] Filosofía quiere decir hacer camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas, y cada respuesta se convierte en una nueva pregunta"
Karl Jaspers: Introducción a la filosofía
BR> Esta idea de la importancia de la capacidad de formular preguntas que tiene la filosofía también aparece destacada en el siguiente texto del filósofo y matemático inglés Bertrand Russell:
“De hecho, el valor de la filosofía debe ser buscado en una larga medida en su real incertidumbre. El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía, va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Para este hombre el mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio, los objetos habituales no suscitan problema alguno, y las posibilidades no familiares son desdeñosamente rechazadas. Desde el momento en que empezamos a filosofar, hallamos, por el contrario, como hemos visto en nuestros primeros capítulos, que aun los objetos más ordinarios conducen a problemas a los cuales sólo podemos dar respuestas muy incompletas. La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que amplían nuestros pensamientos y nos liberan de la tiranía de la costumbre. Así, al disminuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo que las cosas son, aumenta en alto grado nuestro conocimiento de lo que pueden ser; rechaza el dogmatismo algo arrogante de los que no se han introducido jamás en la región de la duda liberadora y guarda vivaz nuestro sentido de la admiración, presentando los objetos familiares en un aspecto no familiar”
B. Russell: Los problemas de la filosofía
BR> Otra forma de acercarnos al sentido del quehacer filosófico nos lo proporciona el filósofo español actual Fernando Savater a través del siguiente texto:
"Cuando se me pregunta qué es un intelectual sólo se me ocurre una respuesta: considero intelectual a todo aquel que trata a los demás como si fueran intelectuales o para que lleguen a serlo. Es decir, quien se dirige a la capacidad de razonamiento abstracto que hay en los otros y la reclama frente a las urgencias sociales o políticas del momento. Será así intelectual el que no pretende hipnotizar a su público, ni intimidarlo, ni chocarle o desconcertarle, sino que aspira a hacerle pensar. Los que se comportan de este modo son intelectuales, aunque su profesión habitual sea la de payaso de circo, albañil o bombero. Y quienes sólo magnetizan o deslumbran no merecen ese nombre, por muchos títulos académicos que posean.
Una expresión española me parece convenir bien a este empeño intelectual, este empeño de quienes pueden ser considerados intelectuales "dar que pensar". Se dice que algo "da que pensar" cuando nos despierta sospecha o inquietud, cuando se convierte en un motivo de atención interesada que acaba con la rutina de lo aceptado sin examen. Pues bien, yo creo que hoy el intelectual debe precisamente señalar todo aquello que da que pensar en nuestro entorno. Tendría que ser capaz de suscitar preocupaciones racionales, zozobras que provienen de desajustes de ideas y no del mal funcionamiento de aparatos o instituciones. Sobre todo debe defender y comparar las ideas entre sí: nuestra cultura se basa en lo abstracto, en nociones -felicidad, democracia, violencia, legalidad, humanidad, …- que no pueden sustituirse por imágenes, que son pensables pero no visibles. Símbolos, no iconos. La invasión de lo audiovisual convierte en superfluo y desdeñable todo aquello que no logra ser "virtualizado" en tres dimensiones, mutilandoasí decisivamente la capacidad de deliberar a partir de conceptos sin la que puede haber vida instrumental, pero no reflexión sobre la vida.
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El intelectual da que pensar sin pretender pensar por los demás ni pensar sin los demás. Su labor está marcada por la paradoja suicida que conoce muy bien cualquier educador: su éxito no estriba en hacerse insustituible, sino al contrario en lograr que aquellos a quienes se dirige puedan antes o después prescindir de él y continuar razonando sin su tutela. Es la levadura de un pan que nadie puede amasar solo ni comer sin compañía"
Fernando Savater, Dar que pensar El País Semanal