NARRADORA
Corría el siglo 19. Las tierras europeas estaban gastadas y las cosechas disminuían. Por entonces, no se habían inventado los abonos químicos.
INGLÉS
¡El guano!... Esa es la solución, my friends.
NARRADORA
Inglaterra descubrió que el excremento acumulado por alcatraces y cormoranes en las islas de la costa peruana era un excelente fertilizante.
EFECTO AVES COSTERAS Y SIRENA BARCO
NARRADORA
Diariamente, salían los barcos ingleses desde el Perú cargados de guano. La compañía Gibbs and Sons se ocupaba del traslado. A los 40 años de extracción, las islas estaban arrasadas.
CONTROL MÚSICA PERUANA
NARRADORA
Cuando el guano se fue agotando, los ingleses descubrieron un fertilizante más eficaz, el salitre.
PERUANO
¡Ahora no quieren guano, sino salitre! ¡Y lo pagan mejor! (RISAS)
NARRADORA
Durante siglos, los grumos de nitrato se habían depositado en el gran desierto al sur de Perú. Ahora, en barcos ingleses, se trasladaban montañas de salitre hacia Europa.
PERUANO
¡Salud, compadre!... ¡Para que el negocio nos dure toda una vida!
NARRADORA
Las grandes familias de la aristocracia peruana derrochaban el dinero fácil que les llegaba por las ventas del salitre.
PERUANO
En la costa de Bolivia hay mucho más. (MEDIA VOZ) Por cierto, ya los chilenos se han dado cuenta y lo están sacando ellos.
NARRADORA
La explotación del salitre se extendió rápidamente hacia la provincia de Antofagasta, que pertenecía entonces a Bolivia.
BOLIVIANO
Chile está vendiendo nuestro salitre a Inglaterra. Nosotros mismos dimos el permiso. ¿Y qué nos queda a nosotros?... No, así no puede ser. Pongamos un impuesto para ganar algo también.
NARRADORA
El presidente de Bolivia estableció un impuesto de 10 centavos por cada quintal que salía desde Antogagasta. Aunque era una pequeñez, los chilenos se indignaron. Inglaterra se indignó todavía más.
INGLES
(PUÑETAZO) ¡Impuestos!... Esto es el colmo, señores de Chile. ¡Ustedes no tienen que pagar ni un centavo a Bolivia!
CHILENO
El problema es que esas tierras pertenecen a Bolivia...
INGLÉS
Pues ya es hora de que pertenezcan a Chile. ¿Para qué les hemos vendido armas y uniformes, eh?
EFECTO SOLDADOS MARCHANDO
NARRADORA
En febrero de 1879, el presidente chileno Aníbal Pinto ordenó ocupar militarmente el puerto de Antofagasta.
EFECTO RUIDOS GUERRA
NARRADORA
Perú y Bolivia se unieron. Pero Chile avanzó rápidamente por la costa hasta llegar a Lima. Miles de cadáveres quedaron pudriéndose en los arenales.
INGLÉS
¡Congratulations!... El salitre ya pertenece a Inglaterra... ejem... quiero decir, a ustedes, los chilenos.
NARRADORA
Chile ganó la guerra, pero perdió el salitre. Todo el negocio quedó en manos de los ingleses. Perú perdió el morro de Arica y Tacna, aunque esta última ciudad le fue devuelta en 1929. Bolivia perdió mucho más. Chile se quedó con la provincia de Antofagasta, su única salida al océano Pacífico.
BOLIVIANA
¡Nos robaron el mar!... ¡Nos robaron el mar!
CONTROL MÚSICA BOLIVIANA TRISTE
NARRADORA
Han pasado más de cien años. Pero la herida está sin cerrar. Bolivia no quiere volver a los mapas del siglo 19 pero sí reclama, y con todo derecho, una salida soberana al mar.
EFECTO OLAS
Abril
Alfonso Sastre
SEGUNDO GUIÓN
Sombra:
Estamos en abril, jefe; y un 14 de este mes, justo en el año 1931, se proclamó la Segunda República Española, como usted sabe.
Sastre:
No solo lo sé, sombrita, sino que uno de mis primeros recuerdos es banderas tricolores decorando festivamente algunos balcones de Madrid, allí por mi barrio, y banderitas de los mismos colores, colgadas de los troles de los tranvías de la línea 17 de Madrid, bajando por la calle de Santa Engracia, y gestos de alegría ciudadana, que me hicieron pintar en mis propios papeles y con mis lápices de niño banderitas republicanas (con mis lápices rojo, amarillo y morado) cuando apenas había cumplido los cinco años.
Sombra:
(Se nota que se burla un poco) Qué interesante. ¿Y qué me quiere usted decir con eso?
Sastre:
Nada. Es un recuerdo infantil-republicano, y alegre, aunque luego supe que mi padre no debió alegrase mucho con aquel cambio, dadas sus ideas, muy conservadoras; pero ya que me reclamas una explicación te diré que lo traigo a colación a cuento de que he estado escribiendo estos días un texto que, de andar mejor de salud -en el sentido literal de "andar"-, me dispondría ahora a leer en la Universidad Autónoma de Madrid en una Jornadas Republicanas -las Quintas este año- que allí dirige mi amigo Julio Rodríguez Puértolas. Yo titularé mi intervención, que alguien leerá en mi nombre, "La república para qué" y en ella me preguntaré también por el para qué del teatro. Y ahora yo te pregunto a ti la misma cosa: ¿República para qué? ¿Teatro para qué? Porque, ¿son buenos y deseables -o sea, "buenos"- el Teatro y la República, se haga lo que se haga con ellos?
Sombra:
(Pensativa) Pienso que no, porque las repúblicas pueden hacer maldades y con el teatro se pueden hacer tonterías.
Sastre:
No sólo se pueden hacer sino que se hacen, y por eso ser republicanos y dedicarnos al arte teatral no dice nada a nuestro favor. Depende de lo que hagamos con nuestras repúblicas y en nuestros teatros.
Sombra:
¿Y para decir eso iba a ir a Madrid?
Sastre:
Eso pero no sólo eso, maja; y quiero recordar a mis amigos matritenses algo que me dijo más de una vez mi amigo el maestro José Bergamín: que nuestro propósito bajo la dictadura no tendría que ser restaurar la Segunda República sino crear una "tercera república" sobre la base de evitar los antiguos errores e inventar y realizar las nuevas esperanzas. Para ir por nuevos caminos, si un día nos vemos en ese trance, habrá que tener en cuenta lo que se hizo y cómo se hizo, y lo que se intentó en aquellos años republicanos.
Sombra:
A lo mejor publican aquellas ponencias, allá en su pueblo.
Sastre:
(Satisfecho) ¿Encuentras el tema interesante?
Sombra:
Sí.
Sastre:
Por si no lo hicieran, te diré al menos una cosa, referente al teatro republicano (1931-1939), y es que entonces ya estaba muy claro algo que yo he dicho mil veces, y es que el teatro español es un medio extremadamente reaccionario, y que siempre ha sido muy difícil intentar hacer algo valioso en un medio como ése.
Sombra:
Sin embargo, por sus papeles veo que en la República hubo experiencias como La Barraca, de García Lorca.
Sastre:
Para el carro, sombrita; que La Barraca fue, antes que otra cosa un "tándem", como muy bien lo han revelado en su libro sobre Eduardo Ugarte los estudiosos Iñaki Azkarate y Mari Karmen Gil Fombellida (por aquí tienes la edición de ese libro: Eduardo Ugarte, Por la rutas del teatro, Editorial Saturraran, Donostia 2005); y no digo esto porque Ugarte naciera en Hondarribia, cosa que poca gente sabe entre la misma que no desconoce su existencia, sino porque es la verdad.
Sombra:
Y las Misiones Pedagógicas.
Sastre:
Y otras muchas tentativas y realidades republicanas de elevación del nivel cultural, también en el teatro. De eso también tratará mi ponencia. Pero lo más notable -y lo más significativo sobre la pobreza del teatro español después del siglo XVII y hasta nuestros días- es que el teatro durante la guerra civil se mantuvo al margen de la contienda, cuando no era que la mayor parte de sus actores y autores se "emboscaban" (como se decía), esperando en secreto la destrucción de la República por las tropas de Franco y sus colaboradores italianos y alemanes, cuyos bombardeos de Gernika y Durango se han recordado recientemente. Baste con decirte que a dos mil metros de las baterías de Franco, en Madrid, se hicieron estrenos de obras cuyos títulos son muy significativos, como ¡Cuidado con la Paca" y La boda del señor Bringas o si te casas la pringas. ¿Qué te parece?
Sombra:
(No puede evitarlo, ríe) Me hace reír.
Sastre:
Está bien, riamos, pero no deja de llamar la atención.
Sombra:
También hubo un teatro a la altura de la tragedia, ¿o no?
Sastre:
(Asiente) En Barcelona, en Valencia... También en Madrid, donde una minoría dirigida por otra minoría acertó a representar obras excelentes y a la altura de la gran batalla.
Sombra:
Se refiere a la Numancia de Cervantes, adaptada por Rafael Alberti, y a la Tragedia Optimista de Vishnievski.
Sastre:
Cierto; y de todo eso me he acordado estos días, pensando en la República.